Por qué nos gustan las mujeres, de Mircea Cartarescu

(Publicado en el nº 13 de la Revista Ágora, Murcia)

Acabo de leer un libro, editado por Funambulista, que comparte título con este apartado. La obra destila un suave erotismo (más cercano al amor y la ternura que al porno) y consta de veinte relatos que el autor, Mircea Cartarescu, publicó sucesivamente en la edición rumana de la revista ELLE. “El protagonista de todas las historias –dice Cartarescu- es una mujer, pero no se trata de retratos de mujeres, es un retrato de la condición femenina. Lo publiqué todo en un solo volumen de casualidad, un azar que se reveló afortunado: es mi único bestseller.”

En Rumanía fue el libro más vendido del 2004 y se mantiene con un número alto de ventas: sólo en su país (de más de veintidós millones y medio de habitantes) ha vendido más de 150.000 ejemplares. Pero no sólo es preferido en su tierra. Parece que entre sus vecinos serbios, húngaros, búlgaros, checos y eslovacos despierta tanto interés como para llevarlo también a los primeros puestos en ventas (con el permiso de Paulo Coelho, cuya obra es una pandemia).

Cartarescu, ha sido traducido ya a numerosas lenguas y llegará a ser, probablemente, el primer Premio Nobel de la literatura rumana. Nacido en 1956 ha trabajado como profesor de su lengua materna, editor de la revista “Caiete Critice” (“Cuadernos críticos”) y lector en las Universidades de Ámsterdam y Bucarest. Es un todoterreno de las letras con trabajos premiados en poesía, novela, relato y crítica literaria y colabora habitualmente en prensa a la que, acerca de la obra que nos ocupa, ha declarado: “Me sirve para honrar a la mejor parte de este mundo. Y también para expresar la parte femenina de mi personalidad. La feminidad no pertenece sólo a las mujeres, del mismo modo que la masculinidad no es sólo cosa de hombres.”

El último capítulo, que da nombre al libro, es una tierna recopilación de motivos en un delicioso intento de abarcar una parte del espectro de sentimientos –desde lo pueril hasta lo sublime- que despierta una mitad del mundo en la otra. Termino escribiendo aquí unas cuantas razones escogidas de entre esas cuarenta y cuatro que ha imaginado Cartarescu (que me parecen pocas pero bien traídas). No sé porqué me sorprendo cada vez que leo las palabras de otros -sobre todo de los “otros” lejanos en el tiempo, el espacio o la costumbre- y las identifico como propias. Eso es también la poesía.

Porque pasan con un valor inesperado por encima de todas las servidumbres que les imponen sus anatomías delicadas.

Porque te dicen ‘te quiero’ justo cuando menos te quieren, como una especie de compensación.
Porque el momento más bonito del día es el café de por la mañana, una hora entera royendo galletas y poniendo verde a todo el mundo.

Porque en las películas nunca se duchan antes de hacer el amor, pero sólo en las películas.

Porque se toman la vida en serio, porque parece que crean verdaderamente en la realidad.

ADDENDA

Gracias al amable comentario de Tudorina encuentro que he dividido por diez la población de Rumanía: no son dos millones y medio de personas sino veintidós millones y medio. Esto no es óbice para que me siga pareciendo recomendable, cercano y dulce de leer el libro de Cartarescu. Siento haber demostrado mi ignorancia de forma tan flagrante y haber causado enfado con ello. No volverá a pasar.

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