Un cartagenero excepcional: Félix Martí Ibáñez. (Memoria sólida en Onda Regional)

Desde el principio llamamos Memoria sólida al espacio que amablemente me invitaron a ocupar Adolfo Fernández y Jacinto Nicolás en Onda Regional de Murcia  porque la memoria de los hechos humanos queda reflejada en lienzos, en el papel, la piedra o, más recientemente, en fotografías, cintas magnéticas o ya en soportes digitales. Es decir, porque queríamos hablar de bibliotecas, archivos, museos y todo lo relacionado con ese mundo.

En el programa del 5 de noviembre tratamos sobre un cartagenero del que apenas queda memoria en la Región pero, afortunadamente, no es así en otros sitios, de forma que podemos leer artículos escritos por él en páginas de Internet como Libros maravillosos.

El cartagenero en cuestión es Félix Martí Ibáñez (25 de diciembre de 1911 – 24 de mayo 1972). Médico psiquiatra, escritor y editor. Hijo de Josefina Ibáñez de Morel, pianista, y de Félix Martí Alpera, pedagogo y prócer cartagenero (aunque procedente de Valencia) que impulsó la Casa del Niño y que, junto al jumillano Enrique Martínez, fue también el primer director de las Escuelas Graduadas de la localidad, un centro puntero en su momento a cuya inauguración asiste Miguel de Unamuno.

Cartagena

Nuestro Félix Martí Ibáñez llegó, entre otras muchas cosas, a dirigir un área en un ministerio durante la guerra civil y a editar una de las revistas médicas más populares de Estados Unidos. Si tienen curiosidad por conocer algo más de su vida pueden escuchar el programa completo pinchando sobre la imagen.

Pinche en la imagen para escuchar el programa

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Les dejo con una de sus frases:

“Si los pueblos del mundo escribieran más a amigos en otras naciones, habría mayor comprensión y acercamiento entre ellos. Porque el retorno al arte epistolar es un retorno a la cortesía sin la cual el hombre retrocede a la selva; pese a que sepa usar un teléfono o dictar un telegrama”.

#DoNotReadThis

“Hoy nos quejamos de tener un exceso de libros; pero de esto no deben quejarse los lectores, porque nadie les obliga a leer. A pesar de la cantidad enorme de libros que se publican, es escasísimo el número de individuos que leen, y si leyeran con fruto, ¿se dirían las deplorables tonterías que llenan la cabeza del vulgo?”

Voltaire, Diccionario Filosófico.

 

 

Veinte lugares “extraños”

A raíz de una entrada que me gustó mucho en el blog De todo un poco pensé en que hay muchos lugares que sorprenden al descubrirlos porque generalmente nos manejamos a base de tópicos y todo lo que se salga del estereotipo asombra un poco.

Por eso he querido reunido imágenes de veinte lugares “raros” en su entorno, algunos se conocerán y otros no, espero que los disfrutéis todos.

¿Por fin agua en Marte?

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No, las minas de Mazarrón.

¿El valle del Jerte?

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No, la floración en Cieza.

Cómo nieva en los Pirineos

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…pero también el macizo Revolcadores, Moratalla, 2.015 m. de pico.

¿Una laguna africana?

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No, flamencos en el mar Menor, Salinas de San Pedro del Pinatar.

Este río es de la vertiente cantábrica…

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O es el Salto del Usero, en Bullas, plena Región de Murcia.

Mira, un tramo del descenso del Sella…

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Sólo que es el cañón de Almadenes, entre Cieza y Calasparra.

El vientre de la madre de los Alien. Y encima se ha tragado a alguien.

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No, es la sima de la Higuera, en Pliego, Murcia.

¿El final del Sahara?

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No, el principio de un día de playa estupendo: Calblanque.

No sé ¿viviendas del pasado remoto en el lago Tiberiades?

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Vaya imaginación, no, Cala Cerrada, Águilas, la última playa al sur de la Región de Murcia.

¿Prados altos en Asturias?

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No, Sierra Espuña, Murcia, por donde corren jabalíes y arruís.

¿Catacumbas romanas?

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No, la cripta de la ermita de San José, en Cartagena, junto al Centro de Interpretación de la Muralla Púnica.

Boda en el Caribe.

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O restaurante Collados Beach en La Manga, que pilla algo más cerca.

¿Lascaux, Altamira, los baños de una discoteca after del 8.000 a. de C.?

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No, pinturas rupestres en Jumilla (izquierda), Moratalla (derecha, arriba) y Yecla (derecha, abajo). Somos viejos, qué le vamos a hacer.

Oh là là, la France!

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Pues no, oh là là Cartagena, el magnífico ayuntamiento, tan magnífico que se llama Palacio Consistorial.

El descocado barroco andaluz, tan excesivo y tan impresionante.

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Pues sí pero no: la fachada del palacio Guevara, en Lorca, una ciudad llena de historia por todas partes.

¿Estilo manuelino en Portugal?

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No, la capilla de los Vélez, en la catedral de Murcia. Con su pequeña historia sobre esqueletos y peleas del clero y la nobleza que ya no podemos disfrutar “gracias” a algún alma buena de las que solucionan los dolores de cabeza cortándola.

Una ermita centroamericana, llena de alegres colores.

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No, el santuario de santa Eulalia (o la Santa) en Totana. Aprovechad, que tiene hotel y la zona es preciosa.

¿Una cava de La Rioja?

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La cava de bodegas Luzón, en Jumilla. Y de regalo unos restos de Vitis vinífera como los que se encontraron en la cueva de Los Tiestos de Jumilla, que ya hacíamos vino hace un rato (en el Eneolítico).

Italia, llena de historia romana.

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Y Cartagena, también, claro, menudo teatro.

El norte de África y su incomparable belleza.

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Es verdad eso de África, pero son tres lugares de la Región Murcia de obligada visita: el monasterio de Santa Clara la Real (o Alcázar Segur) en pleno centro de Murcia, una de las casas árabes reconstruidas en el Museo medina Siyasa (Cieza) y el artesonado del patio árabe del casino de Murcia.

La Región de Murcia, hecha de jirones de todas las tierras: fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, visigodos, árabes, aragoneses, castellanos… Venga a vernos, que a pesar de la mezcla, o precisamente por ella, no hemos salido tan mal.
 

La solución

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Cuando hay bonanza económica trepas ineptos y algunos corruptos llegan al poder, a base de mangonear en los partidos y de inventarse programas floridos, y se atornillan rodeándose de otros semejantes; llegan las vacas de Abercrombie&Fitch y, claro, los inoperantes siguen ahí; comienzan a llegarnos tres tipos de noticias, sobre golpes normales en una crisis, sobre golpes por la ineficacia de los mandamases y sobre golpes de los que aprovechan el río revuelto para tomar el pelo (y los cuartos) a los lumbreras a cargo de la cosa; esas noticias nos preocupan y terminan por jodernos el estómago y, consecuentemente, el humor (el negro no, es verdad); comenzamos a discutir irasciblemente y a menospreciar a todo el mundo, esta vez no por envidia; las relaciones se enturbian, surgen los argumentos ad hominem  y esto deja de ser una ciudadanía para ser una olla de grillos; todos tenemos nuestro plan y todos los planes tienen partes no ya impracticables sino peligrosas para una democracia sensata; además todos se contradicen y los que apoyan un cambio de sistema (sea lo que sea eso) acusan a los posibilistas, que quieren reordenar y depurar el mecanismo, de fascistas (la mayoría de las veces con un desconocimiento de lo que es el fascismo que da miedo) mientras que éstos últimos acusan de desestabilizadores (desde perroflautas a terroristas) a los primeros; ya estamos jodidos, amargados y separados; el gobierno -que tiene sus palmeros y sus medios de incomunicación y desinformación- hace lo que quiere y, sobre todo, lo que le mandan otros que no somos nosotros; la oposición se pasa el día leyendo la telemetría del circuito y arrimándose a las pocas iniciativas ciudadanas que tienen éxito y seguidores (aun cuando estas iniciativas prosperan porque no las firman siglas políticas); nos parece que se aproxima laaa fin del mundo, tal como ocurrió otras mil o dos mil veces, y no sabemos qué hacer… ¿La solución? ¡Coño, me he perdido!

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No tengo amigos feos. Ni amigas.

Pues no, no tengo amigos feos por la sencilla razón de que cuando entran a formar parte de esa poco prestigiosa categoría (“mis amigos”) dejan de tener formas contrastables con el resto de humanos para adquirir la condición de modelos.

Me explico. Todo en la estética es opinable y a mi modo de ver -salvando los cánones, siempre taan aburridos- existe un factor emocional bastante acusado, no hay más que ver una exposición de arte hoy en día: unos se deshacen en halagos y otros llaman al Juzgado de Guardia. Por eso, cuando un tipo o una cara pasan a ser amigas e interfiere con ello en mi apreciación ese componente emocional intenso dejan de ser evaluadas como parte de “los otros” para individualizarse en el modelo “mi amiga tal o mi amigo cual”, una marca propia y valiosa. Cada vez me cuesta más reconocer la belleza en personas desconocidas porque detrás puede estar la estulticia o la maldad, cualidades indeseables que no encuentro en los míos.

A mi edad los amigos son fondones, algunos un poco pellejosos y casi todos perseguidos por las adiposidades lorcianas y yo, mecachis, los veo guapos, interesantes, con carácter.

Puede que el gozo estético se esconda en la proporción áurea o en la secuencia Fibonacci, yo qué sé, pero el amor* se esconde en cualquier pequeña cosa, también en las imperfecciones. Y es que mis amigos son buena gente y eso se evidencia.

* O el cariño, o lo que creáis que se le tiene a los amigos. Yo creo que es amor del cual, como de las lentejas, se dan muchos tipos y todos buenos.

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