Un regalo de Navidad. O no, no sé.

Me decido a subir este libro como regalo general para los que quieran saber de la vida de un actor murciano, concretamente de Jumilla, al que oímos más que vemos. O quizá no sea un regalo si no os gustan estas cosas, que tampoco hay que ser pretencioso.

Felices fiestas.

JGUARDIOLA

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Semana de Cine Español de Mula

A partir del 27 de abril y hasta el 5 de mayo tendrá lugar en Mula la XIX Edición de la Semana de Cine Español que, como cada año (y ya van bastantes), ofrece al público una programación repleta de actividades en torno al cine.

Recomiendo a todos los que puedan acercarse algún día, que lo hagan. Especialmente el sábado 5 de mayo, cuando se falla el Certamen Nacional de Cortometrajes (en el que pueden participar votando como público): una oportunidad magnífica para comprobar en persona la buena salud de la creación en este formato, pues a este concurso se han presentado cortos que luego han sido seleccionados para los Goya e, incluso, para el Oscar.

Paseen por la bonita ciudad de Mula. Este año pueden tropezarse por la calle -sin mucha sificultad- a Willy Toledo, Pepa Aniorte, Fernando Guillén Cuervo, Joselito, Mercé Llorens o ese señor que nos suena tanto, sí hombre, que es paisano… el vigilante de Camera Café: Daniel Albaladejo, en definitiva.

(Pueden consultar la programación en la página del cine club Segundo de Chomón)

La voz de Bogart

Pepe Guardiola es una de esas joyas desconocidas de mi tierra a las que merece descubrir. Interpretó más de 40 películas pero, sobre todo, prestó la voz como doblador a cientos de personajes hasta hacerla imprescindible: él es el Humphrey de Casablanca, de La Reina de África, etc.

Les incluyo aquí una biografía que es el apresurado resumen de su vida y obra, trayectoria que está reflejada mucho más ampliamente en un libro que tuve la suerte de escribir (José Guardiola, la voz y el actor, Murcia, 2004)

José García Guardiola nace el 7 de diciembre de 1921 en Jumilla. Sus primeros años transcurren en la casa paterna sita en la Plaza de Arriba pero, a muy corta edad (5 o 6 años) parte para Barcelona, desde donde lo reclaman unos tíos que residen en dicha ciudad y que no tienen hijos. Con ellos vivirá su infancia y juventud hasta el advenimiento de nuestra Guerra Civil empapándose allí de un inconfundible aire capitalino que no le abandonará y por el que destacará a su vuelta a su pueblo.

El regreso se produce mediada ya la contienda. Acabada ésta comienza a destacar por su participación en el coro de la Iglesia de Santiago, su parroquia, donde consigue despertar el interés de D. Julián Santos, compositor de cierto renombre. Participa también en obras de teatro y en zarzuelas que grupos de aficionados organizan en Jumilla.

Sin embargo, sus ansias no se ven colmadas con estas actividades de aficionado. Marcha a Madrid a la aventura con propósito indefinido: él mismo comenta más tarde que rechazó una beca de la Diputación de Murcia para estudiar canto en la capital. La realidad es que intenta por todos los medios entrar en el mundo que le llama desde el principio, quiere ser actor.

Una vez en el Madrid de los años cuarenta las cosas no le marchan bien y, enfrentado al fracaso en sus aspiraciones imprime un brusco giro a su camino alistándose en 1942 a la División Azul. Marcha a Rusia donde pasa cerca de un año. A su vuelta recala otra vez en Jumilla, pero por poco tiempo. De nuevo intenta la aventura madrileña y otra vez se ve en una situación de suma necesidad, sufre una extrema y continuada indigencia y se ve abocado a dormir incluso en los bancos del parque. Un amigo y paisano, Salvador Ripoll que terminada la carrera de Medicina trabaja en el Hospital Provincial, lo encuentra y le proporciona cobijo y asistencia en dicho centro. Lo ingresa con un diagnóstico exagerado y allí puede Guardiola reponerse durante un largo tiempo -cerca de un año- trabajando durante su recuperación como mozo.

Cuando abandona el hospital trabaja en menesteres varios hasta que consigue formar parte como actor secundario de la compañía que Cayetano Luca de Tena tiene en ese momento en el Teatro Español. Es cerca del año 1946. Al año siguiente el actor principal de la compañía, Conrado San Martín, abandona ésta para rodar una película (Siempre vuelven de madrugada, 1948) y Guardiola logra ascender hasta papeles más vistosos. La crítica lo menciona, pero su fortuna vendrá por otros derroteros. Su voz no pasa desapercibida para uno de los pioneros y más influyentes directores de doblaje: Hugo Donarelli, quien lo descubre y lo incorpora a la nómina de una prestigiosa casa de sonorización, Fono España. Guardiola causará sensación por sus registros, por su modulación, por su sonoridad, por su perfeccionismo en el trabajo… se convierte en un número uno en el campo del doblaje prestando su voz a los ídolos americanos del momento: Richard Widmark, Anthony Quinn, Richard Burton, Humphrey Bogart, etc.

A principios de los cincuenta, con una posición ya desahogada y consolidado su puesto como actor de doblaje, interviene en pequeños papeles en algunas películas como la mítica Surcos (1951) de José Antonio Nieves Conde o Lola la Piconera (1951) de Luis Lucia. Y en 1954 José Guardiola interviene, ya con un papel de primera fila, en una película por la que alcanzará una merecida fama, se trata de Sierra Maldita, de Antonio del Amo (consiguiendo un premio especial en el recién creado Festival de Cine de San Sebastián). La década de los cincuenta y los primeros sesenta encierran las mejores interpretaciones de Guardiola que llevaron a la compañía americana Paramount a sugerirle que aprendiera inglés para llevarlo a Hollywood, ocasión que el actor jumillano desaprovechó -más tarde lo lamentaría- influido tal vez por la seguridad y bienestar económico logrados tanto en el campo del doblaje como actor en la pantalla.

Los años sesenta y setenta pasarían, como para tantos otros excelentes actores de nuestro cine, sin pena ni gloria en papeles secundarios dentro de películas poco importantes. Mientras su voz iba siendo más y más apreciada en la sonorización cinematográfica y su nombre se convierte ya en mito para los jóvenes dobladores, consiguiendo el respeto de actores que inician en tal campo sus carreras como Alfredo Landa y de directores que reclaman sus servicios. Esta faceta de la carrera artística de Guardiola tocaría techo cuando, a principios de los ochenta, Televisión Española encarga un nuevo doblaje para una serie de películas que forman un ciclo dedicado a Humphrey Bogart. El actor jumillano confesaría a sus compañeros su “miedo escénico” -por así decir- al doblar la voz de la estrella americana. Podemos calibrar la emoción que supuso para Guardiola doblar Casablanca, La Reina de África o El Halcón Maltés cuando declara ese desasosiego ¡tras treinta años de buen hacer!.

Los ochenta también redescubrirían el buen hacer de nuestro paisano en la pantalla con la intervención en dos películas interesantes, Marbella, un golpe de cinco estrellas (1985) de Miguel Hermoso o Policía (1986) de Álvaro Sáenz de Heredia. Pero será su brevísimo papel como “señorito de la Jara” en la excelente Los santos inocentes (1984) de Mario Camus lo que dejará entrever el soberbio actor que, tristemente, perdemos el 11 de mayo de 1988 (cuando, temprano,se disponía a tomar un taxi que lo condujera a su trabajo en los estudios de doblaje) sin que la nueva andadura de nuestro cine aproveche del todo -como en otros tantos casos- la maestría que evidenciaban las dotes y experiencia de Guardiola.

Encarnando los más variados papeles participó en rodajes localizados en cualquier parte de nuestra geografía, así como en Francia, Egipto, Italia o Argelia; trabajó a las órdenes de excelentes directores como Donald Siegel, Mario Camus, Isasi Isasmendi, Luis García Berlanga, o José Antonio Nieves Conde.