“Hace años que no tenemos presupuesto…”

Hay preguntas que explican mucho más de lo que parece. Esta mañana me tropiezo con la cuestión que plantea una bibliotecaria de mi tierra:

Hola, me gustaría saber si alguna vez habéis hecho una venta de libros de los que tenéis  en el depósito para sacar dinero para la biblioteca. Hace varios años que no tenemos presupuesto para la compra de fondo bibliográfico. También quisiera saber si eso se puede hacer o si se incurre en alguna ilegalidad. Si alguien ya ha hecho esto, por favor decidme qué requisitos se deben seguir para que todo sea legal. La secretaria de mi ayuntamiento dice que tal vez sea una “competencia desleal” hacia las librerías del pueblo. Espero vuestra información. Gracias

Ojalá mi compañera (y todos nosotros) contara en su municipio con ciudadanos como los de Stony Stratford, quienes bajo la amenaza de su consistorio de cerrar la biblioteca por considerarla un gasto inútil, tomaron al asalto el centro armados con sus carnés para pedir en préstamo obras de su fondo. El resultado fue que se prestaron todos y cada uno de los volúmenes de la biblioteca en un tiempo récord, dejando sus estantes vacíos.

Stony Stratford, 2011. Los ciudadanos le acaban de explicar a los políticos municipales cuánto les importa su biblioteca.  (Fuente: Stony Stratford Library)

Stony Stratford, 2011. Los ciudadanos le acaban de explicar a los políticos municipales cuánto les importa su biblioteca. (Fuente: Stony Stratford Library)

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El programa “Pregunte, las bibliotecas responden” en la radio

Os dejo un podcast del programa que dedicamos en La radio del siglo (Onda Regional de Murcia) al programa Pregunte, las bibliotecas responden. Quizá uno de los más divertidos que hemos hecho o, al menos, uno en los que más he disfrutado. Gracias, Adolfo y Jacinto.

Pincha para oír el programa

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¿Para qué bibliotecas públicas? Una charla entre amigos.

Os dejo el enlace al programa Memoria sólida del 30 de abril de 2014 en Onda Regional de Murcia. Adolfo Fernández, Jacinto Nicolás y yo mismo tuvimos una charla caótica pero quizá interesante sobre para qué son los servicios públicos de bibliotecas y por qué mantenerlos.

Se trataron cuestiones como ¿qué buscaba el legislador cuando redactó la Ley de Bases de Régimen local? Y se habló de bibliotecas que prestan cañas de pescar, juguetes, ollas y sartenes, herramientas e incluso seres humanos. Lo dedico especialmente a las personas que fueron citadas durante la conversación: Pedro Quílez Franco, Marita Funes, Pepe de Paco y mis queridos Durga.

ondar

Pincha en la imagen para escuchar el programa

 

Clientes y usuarios, una cita de Camba.

Julio Camba

Julio Camba

Lo que nos cuenta Camba (en una obra cuya lectura recomiendo) ocurre aún en muchos sitios, incluso en restaurantes, pero puedo asegurar que no me he tropezado con una biblioteca pública española donde se den estos modos todavía. Sin embargo, conviene no perder de vista lo que dice sobre lo anómalo de orientar de la actividad hacia la propia institución: ese nuevo reto que se está asumiendo al poner al usuario como centro y justificación de toda la actividad de la biblioteca no sólo tendrá resultados positivos, es (y va a ser) imprescindible.

¿Que el camarero debe defender su mercancía? Yo creo que, sobre todo, debe defender su clientela. Ante el cliente, el camarero representa al dueño del restaurante, pero ante el dueño del restaurante, representa al cliente. El dueño del restaurante es quien le da el empleo pero el público es quien lo sostiene en él, y cuando el camarero cuenta con una clientela personal, no es fácil que lo echen a la calle por revelar el secreto de unas truchas averiadas. Al contrario, un patrón conocedor de su negocio lo despedirá más bien por no haberlo revelado, perdiendo con esta excesiva discreción la confianza de la parroquia.

Monsieur Escoffier, una de las grandes figuras de la cocina moderna, decía que a la puerta de cada restaurante debiera inscribirse esta máxima en letras de oro: «El cliente siempre tiene razón.» Sobre las puertas de los restaurantes madrileños, a mí me parece, en cambio, leer esta otra sentencia en letras de calderilla: «El cliente no tiene razón nunca.» y es que, en realidad, los restaurantes de Madrid no cuentan jamás con el cliente, el cual más bien parece estorbarles que convenirles. Son restaurantes organizados para la comida de los patronos, los camareros, los cocineros y los pinches, y donde, en caso necesario -y por aquello de donde comen tres comen cuatro-, se puede servir también a algunas personas extrañas, pero no a muchas. No, tan pronto como en cualquiera de nuestros restaurantes se ocupa la mitad de las mesas, la comida toma ante el parroquiano todos los caracteres de una aventura temeraria y no existe posibilidad de reclamación.

La casa de Lúculo, Julio Camba, 1929.